viernes, 25 de marzo de 2011

LA MUERTE

Poco pienso en la muerte.
A mis "cortos" 30 años de edad, la muerte no ha sido una constante en mi vida. -Ahh, que gueva !!! .. si estás vivo- me dijo alguien hace poco cuando le mencioné estas palabras; es cierto, estoy vivo, pero para experimentar la muerte no es necesario "vivirla" en carne propia ... es tan obvio el comentario, que hasta me parece ridículo escribirlo, pero que va.
Cuando pienso en la muerte, mi mente vuela. La muerte es una de mis mas grandes curiosidades, mas no de mis miedos y muchas veces cuando menciono esto, la gente malinterpreta mis palabras y me categorizan de suicida o peor aun, emo.
Mi primer encuentro con la muerte, podría ser considerado como trivial o tal vez caprichoso. Era el mes de julio del 94, yo tenía 13 años y mi tía Claudia me despertó esa mañana y me contó que habian matado a Andres Escobar. Yo no soy de apellido Escobar ni soy familiar de los Escobar por ninguna de las ramificaciones de mi genealogía, pero conoci a los sobrinos de Andres en el colegio Calasanz, allá mismo tuve la oportunidad de compartir con el algunas palabras en actividades lúdicas y desde niño fuí enfermo apasionado por el Atlético Nacional. Cuando recibí la noticia, lloré. No por ser hincha de Nacional, no por haber cruzado algunas palabras con el, tampoco por empatía con el dolor de sus familiares. Lloré porque era la primera vez que la muerte me hacia sentir su presencia y me sabía amargo, maluco ... desconcertante. En 1994, a mis 13 años, conocí la muerte.
Mi familia, tanto paterna como materna, ha sufrido contadas bajas. El primer miembro de la familia que partió, fue mi abuelo Hernando. En ese momento descubrí el verdadero significado de la muerte. Cuando mi abuelo partió, empecé a entender realmente lo doloroso que es el sentir la partida del ser querido y empezó a nacer en mi la curiosidad por lo que sigue despues del apagón del funcionamiento interno corporal. Hoy, ya he sentido la ausencia de 4 familiares muy cercanos. 3 de mis abuelos y una de mis tías. Todos dejaron un vacío en mi y con cada muerte, una parte de mi moría. Los recuerdos que dejan son tan profundos como gratos.
Es extraño recordar trivialidades, pero olvidar conversaciones ... Ahora no recuerdo los momentos "importantes" con ellos, no recuerdo muchos de sus consejos o las palabras que me dieron cuando terminé el colegio o cuando conseguí mi primer trabajo o ingresé al auniversidad ... no ... recuerdo las cosas pequeñas ... las galletas waffer de vainilla que me daba el abuelito Hernando y la menudita que me regalaba cuando le hacia un mandado; recuerdo a mi abuelita Eloína empacando las cremas que ella misma hacia, en los tarritos plásticos en que venían los negativos fotográficos ... la recuerdo, ya entrada en años, mostrándonos a mi hermana y a mi, como desde que estaba en gimnasia, ya era capaz de brincar de una baldosa a otra; Recuerdo a mi abuelito Luís ganándome siempre que jugabamos ajedrez ... recuerdo que me decía chuchito y cada vez que lo recuerdo diciendome así, me lo imagino haciendo el mismo gesto y mis ojos se me llenan de lágrimas; Recuerdo que mi tía Silvia siempre entregaba los regalos el 24 de Diciembre a las 12 de la noche acompañada de un vaso de piña colada ... la recuerdo riéndose, con ese sentido del humor inigualable y el sonido de su risa, que aun lo tengo intacto en mi memoria ...


Ellos hoy no están .... es decir, no está fisicamente, pero para mi es inevitable pensar que ya no están con nosotros ... Entonces eso significaría que la muerte no existe. El cuerpo se pierde, desaparece, cambia de estado ... pero el cuerpo no es nada ... el cuerpo es un empaque ... si la escencia perdura en los recuerdos, en la memoria y en las vivencias, entonces nunca nadie muere, simplemente muta ... ¿evoluciona? ... nahh, suena demasiado terrenal .. talvez la muerte es una forma de vivir para siempre de recuerdo en recuerdo ...
Jamas habia pensado tanto en la muerte y creo darme cuenta porque ... la muerte la vivimos todos de una manera diferente y yo solo la entenderé cuando la viva ... creo que eso hace parte de lo bonito del asunto ... para saber morir, hay que vivir la muerte y para vivir a veces hay que morir ... ¿¿que??
Si usted se aguantó este ladrillo, me disculpo ... a veces me gusta sentarme a pensar y transcribir cada aberración, paradoja, sueño o tontería que se me venga a la cabeza así me de cuenta que estoy escribiendo sobre nada o sobre todo ... y darme cuenta que me queda grande ... vergonzosamente inmenso ...... Hoy me acordé de mi abuelito Luís y de repente me dió por escribir algo sobre el ... algo que talvez solo yo entienda o que alguien mas identifique como propio ...

3 comentarios:

  1. Solimos morir cuando no tenemos de momento buenas razones para vivir!♥

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  2. Me encantó este post.
    Cuando me enteré de que mi papá tenía cáncer, tanto él como yo tuvimos una reacción muy rara: no nos parecía malo que se pudiera morir.
    Mi papá le decía a todo el mundo que él quería morirse, que siempre le había pedido a dios morirse de un cáncer y que ahora se lo había mandado y él estaba muy agradecido. Yo, que no soy muy creyente (aunque me queda la duda en el fondo) simplemente pensaba que la muerte era parte del ciclo de la vida y que mi papá había vivido una vida muy completa; todos mis tíos me preguntaban si no tenía miedo de que mi papá se muriera y yo le contestaba que no, que lo aceptaba y lo único que me preocupaba era que fuera a sufrir mucho en el proceso. Mi mamà vivìa furiosa con nosotros por decir esas cosas y le decía a mi papá que él quería dejarla sola con cinco hijos y que era un cobarde.
    Después de todo eso, vinieron 10 meses de quimioterapia, varias cirugías y ahora mi papá lleva como un año y medio sin mayores complicaciones. Cuando miro la reacción que tanto èl como yo tuvimos, sè que era una anestesia contra el dolor, no desgastarse peleando contra algo que parecía inevitable y perder lo que pensábamos que eran los últimos meses de mi papà amargándonos.
    Antier, mi papá me llevó al aeropuerto a las 4 de la mañana. Le había pedido el favor y se levantó solo, estaba listo antes que yo. Cuando llegué al aeropuerto por la noche, estaba esperándome, sin dar muestras de impaciencia o cansancio. Esa hora y media de carretera fue lo màs importante del dìa.

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  3. A mi me encanta saber que hay emociones que pueden ser compartidas y que mis vivencias pueden verse reflejadas en las experiencias personales de otros ... Me parece que es otra forma de estrechar lazos invisibles ...
    Me conmovió mucho tu historia porque mi viejo tambien estuvo muy cercano a la muerte y aunque traté de afrontar la situación de una forma similar a la tuya, a mi me quedó grande y termine cediendo, principalmente, al miedo que produce la ausencia ... Hoy en día el viejo sigue vivo y es un bastión en mi vida ... es mi heroe ...

    Un abrazo Lalu ... siempre un placer leer tus aportes.

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