
Como a una gran parte de mi generación, es mas, como a una gran parte de los "Medellinitas", a mi me criaron con un monton de ideales y filosofías que se creían apropiadas para nosotros. Muchos de esos consejos se van desvirtuando con el pasar de los años. Hablar con extraños puede ser una de las experiencias mas enriquecedoras de la vida, recibir confites en un bus es, aparentemente, una nueva forma de valorar el trabajo y de respetar al laborante, tener sexo en viernes santo es .... es ... bueno, ese en realidad aun lo sigo, no por respeto a la iglesia católica, sino por verdadero miedo; pero una de esas ideas que desde niño me taladraron en la cabeza y que luego de muchos años, pude superar, es el miedo al centro de mi ciudad.
Desde niño, muchos adultos de mi entorno me fueron inculcando el miedo al centro. "Allá atracan a todo el mundo", "Eso es un infierno lleno de locos y de prostitutas", "Es muy sucio, desordenado y huele maluco", "El centro es tierra de nadie" ... Mi padre, por el contrario, siempre fue un gran amante del centro. Trabajó allí toda su vida, se encontraba con sus amigos en el Parque Berrío a tomar cerveza y a jugar billar (aún lo hace), en el centro pasábamos gran parte de nuestros domingo, primero tomando gaseosa y comiendo pastel en "El Diamante" del Parque Bolivar y luego en cine en cualquiera de los diferentes teatros del área (El Lido, el Ópera, Odeón, El Cid, Cine Centro, Junín I y II, el Dux).
Mi hermana y yo nunca fuimos muy entusiastas a la hora de visitar el área central de la ciudad. Aunque mi padre siempre trató de eliminar ese terror con el que nos alimentaron de niños, el centro no era nuestro lugar favorito y esto empeoró cuando una tarde de domingo, siendo un pequeñín aun, caminando junto a mi padre por el pasaje Palacé-Junin, un ladrón me arrebató la gorra de mi cabeza y corrió como el viento ... La parte que disfruto al contar la historia, es que mi padre salió corriendo tras el bandido y minutos después, regresó con la gorra ... El sentimiento hacia mi viejo, siempre seguirá siendo el mismo ... mi héroe ... pero el centro, seguiría siendo para mi, un lugar maldito y atemorizante.
Con la llegada de la juventud el panorama no cambió, pero al cruzar a la adultez, conseguí mi primer trabajo tras terminar el colegio y como si la vida quisiera darme una lección y abrirme lo ojos, comencé a trabajar en Cúcuta entre Colombia y Ayacucho, en pleno centro del centro, cercano al hueco, en lo que para mi, era la boca del tigre ... el sitio donde el lenocinio y el latrocinio unían fuerzas para convertirse en un templo a la maldad ... Esto fue en Abril de 2001.
Hoy, 2 de Marzo de 2010, abiertamente declaro que el centro de Medellín es mi lugar favorito de la ciudad. Desde ese 5 de Abril de 2001, hasta el 30 de Enero de 2009, el centro fue mi pan de cada día y en el descubrí las maravillas a las que me estaba negando. Esos 8 años de laburo en el área, aprendí que para comer empanadas y palitos de queso baratos y buenos, debía ir al parquedaro de Boyacá con Cúcuta, que las fotos las debía revelar en Foto Brehmen en la plazuela San Ignacio, que los mejores jugos los compraba en una chaza bajo el viaducto del metro entre Colombia y Ayacucho, que la mejor papamugre me la vendía el viejo Rubén en San Juan con Palacé, el Capuccino en su máxima expresión lo ingería en Los Toneles en el pasaje comercial Los Panches, el mejor restaurante , "El Matorral", lo compartí muchas veces con varias novias y con los estudiantes y doctores de la facultad de medicina de la U de A en Urabá entre Bolivar y Carabobo, que si lo que buscaba eran camisas baratas, frente a la entrada lateral de la iglesia de la Veracruz las podía conseguir, si algún día me levantaba con la sensación de que nadie me quería, caminar por la Avenida de Greiff podría darme los mejores piropos que en la vida había escuchado, aprendí también que las mujeres mas conversadoras y amigables, las encontraba en el Centro Comercial Japón (lugar que me regaló 4 novias en esos 8 años de visitas), el banco de Bogotá menos congestionado estaba en Colombia con Tenerife, El Bancolombia a visitar, está en el segundo piso del Carulla de Carabobo entre Colombia y Ayacucho y el BBVA de la Avenida colombia tiene que ser una de las sucursales del infierno en la tierra.
El centro puede darte todo lo que buscas, a cambio de un poco de paciencia y una mente abierta. La primera crónica que escribí en mi vida, la escribí en Agosto de 2002 y surgió de sentarme tranquilamente a conversar con un personaje que cantaba música de los años 60's acompañado por un extraño artefacto tipo karaoke y que recibía una alta cantidad de monedas de parte de su público. También, gracias al centro, pude conocer al "piojo" un hombre que a sus 53 años años, llevaba trabajando 25 años en el centro como lutrador y a punta de sacarle brillo a los zapatos de los caminantes, había levantado una familia de 4, regalado una casa propia a su madre y colmado de gustos a su hija menor, la luz de sus ojos y de quien guardaba una foto en el bolsillo de su camisa. En el centro conocí la barberia Restrepo Hermanos, el lugar que, por puro azar, escogí para cortarme el pelo después de muchos años de llevarlo largo y durante 5 años, solo don Hernando Restrepo puso unas tijeras en mi cabeza, convirtiéndose no solo en mi "estilista" de cabecera, sino en un amigo a quien le hablaba de mi vida, de mi trabajo y de mis sueños y el, con su pelo blanco, su mano firme y su estilo clásico pero prolijo, me ofrecía su arte y su oficio, y en muchas ocasiones, sus sabios consejos.
Fueron 8 años de vivir, comer, respirar y disfrutar del centro de Medellín, de su gente, de sus calles, de su magia. Vuelvo a el muy a menudo, pero no con la frecuencia que lo hacía antes, pero incluso, aunque sus calles son las mismas, en cada visita descubro algo o alguien nuevo .. Por eso, brindo esta noche por vos, mi querido centro ... Desde la avenida del ferrocarril hasta las Torres de Bomboná, desde la Alpujarra hasta La Minorista ... Porque la magia de tus calles, empedradas o pavimentadas, son el reflejo de lo que hemos sido como sociedad y como ciudad a lo largo de la historia ....
Muy buena esta entrada.
ResponderEliminarMi mamá fue siempre muy sobreprotectora. Antes de la universidad, ni siquiera me dejaba montar en bus; cuando necesitaba usar transporte público, tenía que pedir un taxi a la Flota Bernal.
En tercer año de la universidad, empecé a trabajar como dependiente de una profesora (le havcía las vueltas en lso juzgados) y conocí el centro. Me enamoré por completo.
Antes de entrar a trabajar, me iba por ahí caminando, buscando almorzaderos chéveres. Luego de acabar las rondas, salía por ahí a tomarme una cerveza, buscar algún libro barato, iba a cine o simplemente caminaba mirando gente distinta.
En el centro fue donde aprendí a ubicarme por nomenclaturay es un hábito que me convirtió en amante de los mapas.
Gracias por el aporte Lalu .. Me alegra que disfrutes tambien de ese lugar de ensueño que se esconde bajo el manto del miedo ...
ResponderEliminarSaludos !!!
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarA mí, cuando estaba chiquita, el centro me parecía un sitio ambivalente, pues las referencias que de él me llegaban por lado materno y paterno eran bien diferentes.
ResponderEliminarA mi papá le gusta el centro; a mi mamá le parece miedoso (en el sentido de inseguro).
Finalmente, en la adolescencia, ganó el lado oscuro y me pasé "por la galleta" las recomendaciones maternas que establecían la prohibición de ir al centro después de las 6 pm. A través de las historias de mi papá y de la compañía de muchos de mis mejores amigos a lo largo de los años, conocí sitios en el centro que me hacían infinitamente feliz.
Finalmente fue tanta la identificación con el centro (el caos con "la estética urbana", como dirían los amigos hipsters de mi hermana que es artista plástica) que terminé viviendo en él.
Vivo en pleno Córdoba con Maracaibo.
Desde ese lugar siento que alrededor de 10 cuadras a la redonda son mi área de influencia. Y esa "área" me sabe a tangos, a cerveza rica y barata, a quesadillas de pollo, a ver bailar salsa, a cine "colombo" los domingos, a plaza de mercado donde me rinde la plata, a flores...a mí el centro me sabe, me huele bueno. Nada más placentero que caminar por La Playa hasta el Pablo Tobón un domingo en la mañana para ir a tomarse un jugo de Mora donde Doña Isabel y de ahí bajar por la Playa hasta la Oriental para coger la ruta de la ciclovía. Se siente una sensación poderosa caminar por donde, en otro momento, los carros no dejan espacio ni a la conciencia.
En fin, del centro todo me gusta. Todo me queda cerca y presiento que si algún día salgo de ese sector, no será por vocación sino por obligación.
Nada mas grato que las palabras de un testigo vivencial (si el término está mal aplicado, me escudo en mi ignorancia) sobre un lugar de amores y odios, de colores y temores ...
ResponderEliminarLa ruta peatonal que mencionas, la he realizado en varias ocaciones y entiendo perfectamente a que te refieres ... Amo la fotografýa y cada que tomo esa ruta, entre otras rutas centrales que recorro uno que otro domingo, llevo mi cámara a la mano porque siempre aparece una nueva imagen que me llena la retina ...
Gracias Olguet por compartir tu experiencia .